La forma en la que vemos el problema… es el problema. (Parte 1).

PARTE I.

Desde hace algún tiempo asistimos a un cambio de modelo en la intermediación inmobiliaria. Un importante cambio de las reglas del juego. Unos asisten algo estupefactos, por la velocidad a la que se están produciendo estos cambios. Otros insisten en que estamos sufriendo una regresión y estamos volviendo a trabajar con las regla de hace unos años, reglas, usos y costumbres de la era pre-burbuja.

Para los primeros supone un reto entender, asimilar y aceptar la conveniencia de trabajar bajo lo que ha venido a denominar “exclusiva compartida”. Entienden con claridad las ventajas para el cliente y para el profesional, y en ocasiones no vacilan en dedicar tiempo y esfuerzo en predicar entre sus congéneres el beneficio que supondría para el sector y para la profesión. Para otros, algo más ejercitados por el paso de los años, nada nuevo se ha inventado. Casualmente todos ellos ya trabajaban en exclusiva cuando empezaron en “esto”. Y aunque ya no lo hace ninguno, recuerdan con cierto anhelo aquellos días y reconocen, en la intimidad, cierto temor por la odisea que puede suponer volver a recuperar aquella fórmula. El tercer grupo se compone de profesionales que: a) nunca oyeron hablar del concepto b) algo oyeron pero no entienden la diferencia con la colaboración ordinaria de toda la vida, c) aquellos que ni sienten ni padecen.

Lo cierto es que aún cuando pueden parecer evidentes los beneficios de trabajar la intermediación inmobiliaria desde la perspectiva de la exclusiva múltiple compartida, es mucho mas frecuente, durante el desarrollo de la actividad diaria, encontrar miembros del segundo y tercer grupo, que del primero. Tanto se ha hablado, tanto se ha dicho, tanto se ha hecho en los últimos dos años, que se ha conseguido desvirtuar, en gran medida, el concepto de las MLS y de la exclusiva múltiple.

Hemos asistido estupefactos al cenit y ocaso de algunas intentonas fallidas, a camino entre el asociacionismo para la defensa de los intereses del sector, la franquicia repleta de servicios, imagen corporativa marketiniana y algunos conceptos de MLS. Una mezcla en ocasiones poco fructífera, pues lejos de ofrecer un servicio orientado hacia los clientes,se convertía en una especie de red o asociación con visos de expansión e incluso de representatividad ante la administración de turno.

Orientar la creación de la MLS al cliente es fundamental para el desarrollo exitoso de la idea. Es el cliente quien apreciará fundamentalmente los beneficios del servicio y quien se verá beneficiado en primer término, por añadidura se beneficiará el profesional que así decida trabajar. Empezar con un fin en mente claro y acertado suele ser un buen síntoma y un inmejorable comienzo. Para ello debemos entender que tenemos una esfera de influencia limitada, donde realmente podemos modificar ciertas cosas que ocurren a nuestro alrededor. Haced que estas cosas puedan ocurrir, modificar nuestro entorno más inmediato, nuestro circulo de influencia es la base de la proactividad. Tomando conciencia de hasta donde podemos influir, teniendo un final en mente podremos ordenar nuestra prioridades y establecer primero lo primero. No podremos cambiar solos al sector ni a la profesión pero conseguiremos que nuestros clientes y compañeros nos vean y escuchen de manera muy distinta.

Pero de nada nos servirá esta toma de conciencia y esta victoria privada si no somos capaces de generar confianza en los demás, clientes y compañeros de profesión. Stephen Covey, en su libro ”Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”, nos habla de esto con una claridad envidiable y lanza algunas pautas que interiorizadas y realizadas de manera sincera consiguen incrementar los que el autor viene a denominar “la cuenta bancaria emocional”.

Continuará en   La forma en la que vemos el problema… es el problema. (Parte 2.)

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